El viaje a París fue uno de los que más me han gustado, sin duda recomendable a todo el mundo, y especialmente para los que viajan en pareja, un aspecto que me llamó la atención es la exquisita amabilidad francesa, que nadie piense cosas raras por el título, tanto en el lenguaje como en el comportamiento en Francia nos llevan cierta ventaja.
En pleno arco del triunfo he visto a varios hombres salir corriendo por el sombrero de una persona que desconocían, lo de levantarse en el transporte público por la presencia de un anciano, o dar los buenos días cuando se entra en un sitio también está al orden del día.
Pero esta intrahistoria, la que hace justicia al título, me ocurrió en un restaurante cerca del río Senna, al acabar del comer, y antes de pagar la "addition", tuve que ir al cuarto de baño, que se encontraba en un piso inferior, pero aún así eran de un tamaño muy reducido.
Este texto es un perfecto ejemplo de intrahistoria de la mano de un escritor que sin quererlo yo, y sin quererlo él, por supuesto, ha venido siempre de mi mano, aunque hasta ahora no lo había yo leído seriamente, quizás no estaba preparado. Cuando leí este texto, hace poco, quedé asombrado de la radical sencillez de su estilo aparentemtente neutro y descriptivo, pero aún más de la profundidad rotunda de su narrativa; toda una obra de arte, es un texto largo, pero tiene cabida aquí porqué sin duda es la cima de toda intrahistoria, compañeros de bitácora, nunca llegaremos a 
Esta intrahistoria es quizá la más avergonzante de las que he escrito, pero lo cierto es que las ocasiones en que lo he contando la gente ha reaccionado de alguna manera, y he podido ver cierta cara de curiosidad durante el relato, por lo que he considerado que podría ser una intrahistoria.





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